Sabores, aromas y texturas de tres continentes: Visión antropológica de la alimentación y construcción cultural de la alimentación venezolana en los siglos XVI y XVII.

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Sabores, aromas y texturas de tres continentes:
Visión antropológica de la alimentación y construcción cultural de la alimentación venezolana en los siglos XVI y XVII.


LA ANTROPOLOGÍA Y LA ALIMENTACIÓN

El ser humano a lo largo de su evolución, ha necesitado del recurso alimentario como herramienta fundamental de supervivencia, es decir, la alimentación satisface una necesidad biológica muy básica de la mujer y el hombre. Al igual que otros seres vivos, ha necesitado además del agua, el consumo de alimentos que le han brindado los nutrientes y demás bondades necesarias para mantener niveles de energía óptimos que son tan fundamentales para la preservación de la vida y a su vez para contribuir con el quehacer cotidiano y subsistencia de una población o pueblo. El acto de comer es inerte tanto a la biología como a los procesos adaptativos que ejerce el humano como modo de subsistencia, variables, en espacio y tiempo. Es por ello que la sociedad muy difícil puede existir sin la presencia de una cultura alimentaria que la conforme, es un fenómeno social, psicológico, económico, simbólico, religioso, definitivamente cultural, en el más profundo sentido del término.

Gracias a diversos estudios antropológicos se ha podido constatar que el acto de comer, representa en su totalidad una expresión de la actividad social. Los diversos modos de preparación de alimentos (desarrollo de técnicas culinarias específicas), la manera en que son servidos, el contexto en el cual son utilizados, entre otros muchos factores. Enumeran un conjunto de características que conjuntamente construyen la identidad de una sociedad. La cultura es la que determina que alimento está permitido para el consumo de una sociedad, delimita otros, determina a qué hora se come, establece rituales y códigos de mesa, determina lo que es sano y lo que no lo es e incluso define el apetito y la saciedad del individuo. Adentrarse en el modo de obtención de los alimentos, quién, cómo y cuándo se preparan, aporta una información valiosa para la comprensión del conjunto de relaciones sociales de una colectividad en particular, los comportamientos alimentarios forman parte de la expresión o totalidad cultural. Además, de que es evidente que cada situación tiene su particularidad alimentaria.

En cualquier caso, para la total comprensión de lo que se está planteando es necesario una reflexión exhaustiva que permita la penetración del fenómeno alimentario, además de la pregunta qué se come, deberíamos a su vez hacer muchas otras, tal como lo señala Contreras:


 “quién se come lo que se come, cuando se come lo que se come, dónde se come lo que se come, con quién se come lo que se come, cómo se come lo que se come, por qué se come lo que se come, por qué lo come con quien lo come, por qué se come cuando se come, por qué se come donde se come, por qué se come con quien se come, por qué se come como se come, etc.”. (P16)



En el estudio de la alimentación dichas preguntas son fundamentales para una mejor compresión de la apropiación cultural existente por la mesa en una sociedad específica, es quizá una de las razones de su complejidad. Los criterios que se tomen para formular las posibles respuestas, serán muy importantes ya que en sí mismos responden a la “construcción cultural” existente. Cuando se realiza el acto de comer, es básicamente por la necesidad de satisfacer el hambre, sin embargo, esta no es la única razón inmiscuida en el acto. El aspecto biológico, cultural y nutricional es clave para comprender el fenómeno, pero más allá de lo antes mencionado ¿no existen otras razones?, habrá que reflexionar al respecto, ¿puede que la alimentación desempeñe otras funciones?



En un estudio publicado en 1979, sus autores (Boas, Wakefield y Kolasa) consideraban la lista expuesta como relativa a los diversos usos de los alimentos en la sociedad:




En los 20 usos expuestos en la listas, sólo uno representa uso nutricional, los demás son no nutricionales. Esto nos da una amplia perspectiva de lo que significan los condicionamientos socio-culturales alrededor de lo que consumimos. El ser humano concibe con mayor complejidad el acto de comer, en comparación de las demás especies, inclusive con su pariente más cercanos de la línea de los homínidos reside una gran diferencia, el homo sapiens sapiens tiene preferencia por los alimentos crudos, realmente casi una dependencia de ellos, es decir, cocinar es a su vez un acto distintivo de la especie humana, al menos, hasta lo que sabemos ahora.










ORIGEN Y FORMACIÓN DE LOS REGIMENES ALIMENTARIOS VENEZOLANOS


Venezuela es un país de variada herencia cultural, gracias a los acontecimientos históricos acaecidos en el territorio, la presencia de raíces americanas, africanas e hispánicas se conjugaron para enunciar la formula criolla. Nuestro mestizaje no fue tan sólo biológico, fue a su vez, cultural, y en el presente escrito se enfatizará el mestizaje adscrito en la alimentación. Debemos ser buenos herederos y rememorar nuestro pasado, aprender de él, como bien señala Braudel en contradicción a la frase de Treitschke –Los hombres hacen la historia- “No, la historia también hace a los hombres y modela su destino…” (P26). Si tal afirmación es cierta, si la historia modela nuestro destino, es imperativo reflexionar acerca del mismo, no hacerlo sería es un desperdicio.


Braudel, a su vez señala en alguna de sus obras que la comida y la cocina son hijas de la geografía y la historia de toda sociedad y que:



 “… todo grupo social, participan en alto grado, con relaciones íntimas o lejanas, en una civilización, o más exactamente en una serie de civilizaciones superpuestas, mutuamente y a veces muy dispares; y que cada una de ellas nos conduce en un movimiento histórico inmenso, de una muy larga duración, que constituye para cada sociedad el manantial de una lógica interna, que le es propia, y de innumerables contradicciones. “(P186).

Venezuela es una nación que comprende estas tres visiones de mundo que fueron mezcladas ¿unificadas?. Comprenderla del todo, significa desfragmentar su composición interna y estudiar sus segmentaciones. Es imperativo el estudiar más a fondo nuestras raíces, puede que sea una de las mejores maneras para comprendernos y buscar posibles soluciones a nuestros problemas sociales e incluso en trabas políticas y económicas. La sociedad venezolana es muy diferente, es herencia de tres pueblos. El conformar una identidad que los contenga y le impregne su propia identidad, no es tarea fácil; pero debemos luchar por hacerlo posible. No somos ni lo uno ni lo otro, pero a su vez, somos un poco de todo y además un producto nuevo. Así de contradictorio, pero auténtico. Así somos.



Régimen alimenticio de los pobladores originarios de Venezuela



La alimentación de los pobladores originarios era modesta si se le compara a la de los europeos, sin embargo es importante señalar en las descripciones colombinas y crónicas del siglo XVI las descripciones que abundan son de personas saludables, de buena constitución física y longevas. Su régimen alimentario parecía ser el apropiado para su estilo de vida. Dicho panorama, cambiaria de manera radical con la llegada de los conquistadores a tierra americana. Es posible observar que en el periodo pre-hispánico la heterogeneidad en la diversidad cultural ya estaba presente en el territorio, dicha diversidad estuvo presente a través de los distintos grupos indígenas, que van desde los cazadores, pescadores hasta agricultores. Muchos de estos grupos eran sedentarios o semi-sedentarios. Las culturas de los pobladores originarios que habitaban en el territorio hoy conocido como Venezuela, permanecían inalteradas sólo hasta la llegada de los colonialistas. Caballero precisa que “…se calcula que una población original de trescientos cincuenta mil a medio millón de indígenas en 1498, había bajado a 240mil en el siglo XVI” (P15)


Según
Henri Pittier, entre las plantas cultivadas por los indígenas, la yuca y el maíz siempre están presentes. Los orígenes de su adaptación a las necesidades de la humanidad, se pierden de vista. Sus raíces formaban parte importante de la alimentación de los pueblos de las grandes selvas orientales de Sur América, principalmente de los Caribes y los tupi-guaraníes; otros pobladores, como los Toas, sólo vivian de la pesca y los demás productos que obtenían mediante el sistema de trueque por pescado, no se dedicaban a la agricultura en lo absoluto. Muy por el contrario de los Araucas, que según Jahn eran agricultores, a veces itinerantes, sus sembradíos eran llamados conucos. El condimento por excelencia fue el ají y su endulzante natural, la miel.



Los indígenas preparaban sus alimentos con la ayuda del fuego, como explica Lovera “...los indígenas habían aprendido a cocer los alimentos colocándolos a su calor sobre parrillas de madera (barbacoa) o planchas de barro cocido (budares o aripos), y aun enterrándolos envueltos en hojas para encender encima hogueras.” (P34). Según algunos cronistas también fabricaban utensilios a mano teniendo como materia prima la arcilla, entre sus recipientes se encontraban también la totuma o tapara, provenientes del fruto del árbol que tiene su mismo nombre, que en otros sitios se le conoce como árbol calabaza. En sus recetas más preciadas se encontraban: la arepa, preciado alimento preparado con maíz molido, herencia común entre Colombia y Venezuela, ya que los pobladores originarios de la hermana república también preparaban dicho manjar.
 Algunas fuentes aseguran que la palabra arepa proviene del cumanagoto, pueblo amerindio  de la etnia caribe, que habitó en Nueva Andalucia, lo que hoy en día se conoce como Cumaná. El consumo proteico presente se conformaba por  caimanes, culebras, ratones, murciélagos, dantas, venados, larvas de gusano de palma, huevos de tortuga, entre otras especies que eran frecuentes obtener en los pueblos cazadores. En líneas generales, muchos autores coinciden  en que el poblador originario no ingería grandes cantidades de proteína animal, su dieta era mucho más alta en proteína vegetal. No se puede afirmar que eran vegetarianos, pero su dieta era muy saludable y sin excesos proteicos. Justo lo necesario para sus tareas diarias y vivir una vida vigorosa.

El cronista y conquistador Pedro Cieza De León ya daba fe del estupendo sabor de la arepa su en alguna de sus crónicas. “Entre estos indios de que voy tratando, y en sus pueblos se hace el mejor y más sabroso pan de maíz en la mayor parte de las Indias, tan gustoso y bien amasado que es mejor que alguno de trigo que se tiene por bueno”. antes de morir en 1554, había dejado escrita su obra «Crónica del Perú», cuya segunda parte, «El señorío de los Incas», publicada en 1871, registra el consumo de la arepa en la provincia de Cartagena, otros cronistas como el Fray Pedro Simón, registra el consumo del alimento en Venezuela



Veíanse las pobres indias tan afligidas en este tiempo, sin dejarles dormir de noche ni de día, haciendo arepas para tantos, y sobre todo las amenazas, y aun á vueltas de ellas algunas coces y mojicones, porque no las daban con más abundancia, hasta decir que las habían de quemar á ellas y al Padre Leuro ; que considerando ser mejor trato el que les hacían los españoles (al fin como de católicos cristianos), una noche, entre dos luces, sin sacar nada de su ropilla, con achaque de ir por leña para las arepas” (p. 390).



Por otra parte, el repertorio de alimentos incluyen al casabe, una especie de pan sin levadura de yuca que se cocina en budare,
originalmente producido por los nativos americanos arahuacos, taínos y caribes en toda la cuenca caribeña, le sigue el cachiri, conocido también como masato, es una bebida fermentada de yuca, otra de las recetas más conocidas era, la chicha, bebida muy frecuente en su dieta, era consumida en festividades, habían chichas muy variadas entre las que se encuentran: chicha de savia de palmeras, como el corozo de la fruta de la palma de moriche, también de la patilla, yuca, batata, mapuey, ñame, también de maíz y posteriormente con la introducción de la caña de azúcar, al fermentarla se originó el aguardiente.



Régimen alimenticio de los europeos.

La  oración por excelencia del catolicismo padrenuestro tiene una frase bastante representativa para el europeo de la actualidad, hecho que en el pasado también era una realidad concreta. Este alimento era uno de los más comunes en todas las clases sociales, los cereales más empleados para su preparación incluían el centeno, la cebada, alforfón, mijo y avena. La población popular comía más el hígado, las patas, tripas, orejas, tocino y de grasa vegetal el inseparable aceite de la dieta mediterránea, aceite de oliva. Algunos detalles de la cocina española de la época se pueden advertir en poemas literarios de la época como el Cantar de mío Cid en el que los caballeros cristianos adoban el conducho, pan y vino mezclado con algún grano de trigo. Los métodos de conservación de alimentos eran escasos, y se reducían al control mediante su inmersión en sal: los salazones. Las legumbres al no ser muy panificables, generalmente se molían en forma de harina y se disolvían en potajes. La mayoría de la población comía gachas (harina toscamente molida y remojada), antes de la llegada de los moriscos, igual que en el periodo romano. En algunas ocasiones se remojaba un pedazo de pan en una salsa, que contuviese vino, leche o cualquier otra sustancia líquida, a esto llamaban sop. Todos ellos precursores primitivos de los potajes y cocidos que posteriormente se elaborarían con mayor empeño a lo largo de la geografía española. El uso de cereales era exclusivo en estas preparaciones, dando poco paso a legumbres y verduras.



A su vez,  todas las formas de caza salvaje eran populares entre aquellas poblaciones que podrían obtenerlo, la mayoría de carne se derivaba de animales domesticados. Los bueyes y las vacas eran animales de cría muy valiosos. La más común de las carnes domesticadas procedía del cerdo, que requería menos atención y era más barata. La cría de cabra y ovejas también estaba muy presente. El pescado, siempre a la sombra de la carne, se tomaba como alimento alternativo a los días de ayuno religioso, tales como, la Cuaresma. Por supuesto que este alimento tenía también sus consumidores   aficionados, sólo era ingrediente principal en las poblaciones costeras. En cuanto a bebidas, se preferían los brebajes alcohólicos, el agua que hoy en día es tomada como una elección neutra para acompañar una comida, anteriormente existían siempre serias dudas acerca de su pureza y de esta forma su bajo prestigio y las recomendaciones médicas hicieron de esta bebida la de menor preferencia frente a las bebidas alcohólicas como el vino, cerveza,  hidromiel, sidra y perada que generalmente eran más preferidas. Existieron otros elementos en la dieta del conquistador: los tubérculos del viejo mundo (nabos y zanahoria), los bulbos (ajo, cebolla, ajo porro), las hojas (acelgas, espinacas, lechugas, escarolas, cardos), frutos de huerto (calabaza, pepino, berenjena) y un gran número de plantas aromáticas (perejil, tomillo, mejorana, romero, orégano, menta). La sal también era muy usada en las preparaciones hispánicas, más tarde por influencia árabe, el azúcar de caña, que con ella vendría la preparación del papelón, producto que bastante difusión tendría en América. En los utensilios de cocina hispánicos el predominio fue de arcilla cocida y metal. Ciertas piezas eran de plata, había morteros de madera y piedra. A su vez utensilios de hierro y cobre. La conformación de la alimentación Española es heredera del mundo griego, godo, romano y moro, estos últimos dejaron una profunda influencia en su cultura por su larga dominación en gran parte del territorio peninsular.



Régimen alimenticio de los pobladores africanos.



Por diversos motivos, la esclavitud surgió en varios escenarios territoriales a través de gran parte de la historia de la humanidad, muchas veces fomentada, de manera ridícula y conveniente, en criterios de carácter racial. El Egipto antiguo, es sin duda una de las primeras imágenes más claras que se pueden tener de esta práctica tan inhumana e injusta. Para mal de los “débiles” o dicha de los “fuertes”, la esclavitud prosiguió su desarrollo, hasta consolidarse como una institución universal, una relación de clases sociales. Estos sujetos esclavizados, que en su mayoría fueron africanos, al igual que los pobladores originarios de américa, que también sufrieron estos hurtos, invasiones y demás acciones arbitrarias. Asimismo del ya conocido sometimiento al trabajo agotador, violento y explotador, a cambio de un precario sustento que a muy duras penas garantizarían su precaria existencia.



El modelo expansionista europeo, al penetrar tierras africanas, encontraron cierta resistencia, al igual que pasaría en américa, finalmente una superioridad tecnológica les confrontó y terminó sometiendo a estos pueblos, se hizo presente el desprestigio de todo lo ajeno a sus dominios, además del desprecio a manifestaciones culturales autóctonas de aquellos “otros” pueblos recién “descubiertos”. Considerando todo lo no europeo como salvaje o primitivo. La trata de negros africanos que llegaría a desarrollarse en Venezuela, tuvo cierta desarticulación de la cultura africana, recurso utilizado por los colonos, para impedir cualquier alzamiento o rebelión de parte de los sujetos esclavizados. Muy a pesar de esto, su cultura lucharía por prevalecer, valiéndose de diversas estrategias para su salvaguardia.

Los africanos y sus descendientes dejaron  bien marcadas sus huellas en la alimentación venezolana de la época colonia, pues ellos trajeron muchos productos para el consumo: tubérculos (ñame, malanga…), legumbres u hortalizas ( alubias, habas, garbanzos, lentejas, el quimbombó o bahmia) ,  frutas (melones, patillas, tamarindos, dátiles, higos, boabad, granadas, limones, naranjas, gandul, cambur guineo, etc), especias y aves (la gallina de Guinea, la garcita reznera, el yaguaso cariblanco, el yaguaso colorado, entre otras ), así como la planta medicinal por excelencia de los venezolanos: la sábila. A su vez participaron en la confección de los platos típicos de la época, a través de los fogones, puesto que eran las africanas o africanos los que frecuentemente se encargaban de la elaboración de los platillos que disfrutarían los paladares mantuanos y en los hogares de algunos pardos y demás clase adinerada. Muchas de las técnicas y hábitos alimentarios originarios de África sufrieron múltiples modificaciones debido al régimen de vida al que fueron sometidos los esclavizados negros en las plantaciones y haciendas de cacao, caña de azúcar, añil, tabaco, etc. Tal situación ocasionó, entre otras cosas, una simbiosis en los patrones de alimentación e igualmente la invención de nuevas técnicas y costumbres adaptadas a los recursos y a la cultura occidental que de una u otra manera impusieron los blancos europeos y criollos, por ser los sectores sociales dominantes. 


INFLUENCIAS DE LA ALIMENTACIÓN EN LA CULTURA Y CONFORMACIÓN DE LA IDENTIDAD VENEZOLANA


El desconocimiento del valor de la cultura de un país es muy peligroso, vivimos en un mundo en constante proceso de globalización, donde existen asimilaciones de una cultura a otra y donde muchas veces se intenta imponer un único pasado universal. Es necesario volver a lo local, para no perder aquellas características que nos hacen únicos, distintos con el resto del mundo. Aquello que no se valora, se olvida y hasta se descuida. Debemos visibilizar nuestras riquezas culturales, hacerlas notar para que trascienda su valor a cada instante y que cada venezolano se sienta orgulloso de su tierra y se convierta de esta manera en su protector.


Somos el resultado de nuestro pasado y sobretodo de la interpretación de ese pasado en el presente, es necesario indagar en lo más hondo de él. Verlo de manera directa y no bajo las perspectivas de terceros. Utilizando lentes propios, siempre con un grado de aumento bastante importante en cuanto al factor crítico. Como bien señala Barudel:

El observador es fuente de errores: contra él la crítica debe permanecer vigilante. --–El instinto natural de un hombre en el agua-escribía muy en serio Charles Víctor Langlois- es hacer todo lo posible por ahogarse; aprender a nadar es adquirir el hábito de reprimir los movimientos espontáneos y de ejecutar otros. De la misma manera el hábito de la crítica no es natural; exige ser inculcado y sólo se convierte en orgánico tras repetidos ejercicios. El trabajo histórico es un trabajo crítico por excelencia; cuando alguien se dedica a él sin haberse protegido previamente contra el instinto, se ahoga”. (P62).

 En otras palabras,  evitando enaltecer o minimizar ciertos matices. Aunque muchas veces resulte difícil no ver la realidad que te grita en el rostro, como los grupos que fueron (o son) opresores y el otro grupo que fueron (y de alguna forma siguen siendo) oprimidos. Se debe intentar observar con una actitud objetiva, en la medida de lo posible. Aunque muchas veces el advertir tanta injusticia duela en el alma. Sin embargo, es importante el hecho de no posicionarnos radicalmente en una forma de ver la realidad, muchas veces esta fijación de posturas, no permite ampliar y entender las diferencias. Y esto es precisamente una de las tareas fundamentales del antropólogo, como bien dice Augé, nuestro oficio se conceptualiza en: “Localizar y comprender diferencias”. Somos traductores de lo diferente, mediadores de la diversidad de pensamientos, estilos de vida o culturas ajenas al sujeto que se asume como universal, anulando a los demás sujetos periféricos.

Al iniciarse el periodo de conquista y toda la resistencia generada por el grupo que irrumpía y el que se resistía a la ocupación, hubo un choque de culturas que en su desarrollo fue formando lo que ha sido la construcción de la cultura alimentaria Venezolana.
Venezuela, es un país de contrastes conformado por una herencia muy rica.
Lleva consigo un mensaje antropológico implícito: La diversidad nos enaltece nuestra identidad. Nuestra cultura es muy suculenta, es un gran buffet, tiene sus propios sazones, olores y maneras de percibir la saciedad. Es imperativo que la sociedad venezolana empiece a reflexionar acerca de aquello que la conforma, eso que nos circunda, lo que hacemos a diario, lo que cocinamos o degustamos al menos 3 veces al día. La reflexión sobre nosotros mismos es una de las semillas más fundamentales a cuidar y sembrar para poder ejercer una transformación en nuestra idiosincrasia y en nuestra realidad inmediata. En el presente escrito se ha intentado realizar dicho ejercicio con los sabores, aromas y texturas de tres continentes que habitan en nuestras células, nos transforman y caracterizan. Las expectativas siempre serán altas para la nación que nos vio nacer. ¿Somos nosotros quienes debemos estar a la altura de nuestra tierra?.



























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